La mayor parte de los pensadores modernos que recogen y analizan el
quehacer mítico de la epopeya griega, digamos, «primitiva», consideran que
constituye una fórmula prelógica de concepción de los fenómenos cósmicos y
naturales que conmovieron a los griegos. Este rasgo positivista no abandona a la
mayoría de los historiadores de la Filosofía. Así, la interpretación de Tales o
Empédocles se considera un tránsito desde el mundo mítico al
racional.
Por ello resulta asombroso en estos pensadores que Platón y aun
Aristóteles vuelvan al mito como recurso expresivo, e intentan interpretar este
hecho como un tránsito paulatino desde una «Filosofía Mítica» hacia una
«Filosofía Científica».
Entre los platonistas encontramos la opinión de
que Platón, mediante su sentido poético, interpreta los mitos como medio de
romper el rigor racional. Se atribuye su utilización a las ideas religiosas
órficas, movimiento espiritualista que ejerció gran influencia en algunos de los
presocráticos, especialmente en Pitágoras.
Se suele presentar en
oposición al Mythos con el Logos, entendiendo el primero como el concepto
prelógico antecedente de la concepción racional. Sin embargo, Platón afirma que
el conocimiento lógico tiende a desaparecer en el recuerdo del hombre después de
algún tiempo más o menos extenso, y entonces continúa fresca la imagen del Mito
como símbolo del contenido filosófico.
Vemos que el sentido platónico del
Mito se aproxima mucho a un carácter paradigmático, es decir, como modelo
arquetípico de una realidad que sólo es Mímesis, imitación de otra original,
eterna e inmutable.
El Mito es una puerta que separa o enlaza el Mundo
Sensible del Mundo de las Ideas, es una forma de comunicación con ese Mundo
inaccesible aun para el hombre en toda su magnificente grandeza.
La Idea
pura es trascendente a las cosas e inmanente al Alma y su lenguaje es el Mito.
«El hombre es superior a las cosas sobre las que piensa e inferior a aquello por
lo cual piensa». El Mito abre un camino en dirección a lo
inaccesible.
Jean Brun afirma en su libro Platón y la Academia: «El Mito
es el medio por el cual lo intemporal se torna narración en la boca de los
hombres y lo Uno viene a ubicarse en los límites del discurso. Por este recurso
lo invisible deviene inteligible para el hombre y, si no perfectamente visible,
por lo menos perceptible. Gracias al Mito, lo inefable puede relatarse y lo
incomunicable se comunica. El Mito es una vía analógica que trata de suscitar en
nosotros la anamnesis capaz de conducirnos nuevamente al lugar donde se
encuentra un origen que hemos olvidado. El Mito es una ascensión por medio del
Logos».
Finalmente, diremos en este punto, con Jorge Ángel Livraga, que
«el Mito tiene varias propiedades. Se trata de uno de los exitosos sistemas
utilizados en las Escuelas Iniciáticas, por cuanto sin dejar de ser racional,
posee algunos elementos para-racionales con la propiedad de despertar en el
hombre ciertos aspectos que están más allá de su estricta capacidad de razonar.
Donde la razón no llega, el Mito sí; está más cerca de la intuición que de la
razón. El Mito nos habla de una verdad en lenguaje simbólico, y ese lenguaje
presenta notables ventajas; es suficientemente rico, amplio y plástico como para
que dentro de ese simbolismo cada cual capte lo que pueda asimilar. Ante el Mito
nadie se queda 'en blanco', mientras que ante una explicación racional sí. Por
eso Platón acude al Mito cuando tiene que explicar elementos tan sutiles como
para que no encajen dentro de la estricta capacidad humana».
Relación de los
principales Mitos Platónicos
Permanentemente hacemos uso de los mitos
platónicos y la tarea de leer y analizar todos ellos resulta maratónica, por lo
que este breviario puede servir de alguna utilidad. De ninguna manera daremos
por agotado el tema y más bien este trabajo intenta incentivar la lectura del
original y beber en las mismas fuentes platónicas este genial enfoque de la Vía
hacia lo Invisible.
Podemos establecer un orden en la exposición de los
mitos según la temática que se plantea en ellos, aun cuando esta elección
resulte compleja porque en varios se advierte más de un sentido y pueden ser a
la vez, por ejemplo, cósmicos y escatológicos.
De tal modo, la
estratificación será, de alguna manera, arbitraria, pero servirá para tener una
relación relativamente ordenada de los mismos. Así, reconoceremos los siguientes
grupos:
a) Mitos Teogónicos y Cosmogónicos. b) Mitos
Antropológicos. c) Mitos Ontológicos y Psicológicos. d) Mitos
Sociopolíticos.
a) Mitos teogónicos y cosmogónicos
1. El Nacimiento de Eros. (El
Simposio o Banquete). En este Diálogo se proponen una serie de «encomios» o
piezas retóricas de carácter elogioso, sobre el tema del Amor, que se ordenan
sucesivamente como una transfiguración entre lo dionisíaco y lo apolíneo,
coronados por el discurso de Sócrates. Aquí se exponen algunas interesantes
concepciones míticas a cargo de los participantes al banquete dignas de ser
mencionadas.
La exposición de Pausanias asocia a Eros con el servicio que
le presta a la Diosa Afrodita y distingue, por lo tanto, un Eros Pandemos y un
Eros Uranios; un amor apasionado, irreflexivo y vulgar, y otro de origen divino
que motiva el perfeccionamiento del ser amado inegoístamente. Uno está inspirado
por la Musa Polimnia y el otro por Urania.
Tras la exposición de
Aristófanes, orientada hacia lo antropológico, y de Agatón, en cuya casa se
efectúa el simposio, que lo hace un Dios bello y perfecto, expone Sócrates, para
cerrar, una conversación que habría sostenido con Diótima de Mantinea, profetisa
e Iniciada, en donde se concluye que Eros es gestado cuando la Pobreza (Penia)
llega a mendigar a la puerta de la mansión de los Dioses, del que ha salido
Poros (Riqueza, Recurso) embriagado, para descansar en el jardín. Entonces Penia
decide tener un hijo de Poros y se acuesta a su lado. De tal modo es engendrado
Eros, que es un Genio y no un Dios, que vive miserable pero ama la abundancia,
que no es bello ni tampoco definitivamente feo, y que Platón relaciona con el
filósofo que ama la Sabiduría porque no la posee.
2. La Construcción del
Universo. (El Timeo). El Demiurgo ha construido el Universo siguiendo un modelo
idéntico, uniforme y eterno. Ese Mundo eterno es un Ser vivo y posee un Alma. El
Ánima Mundi es el resultado de la mezcla de la sustancia indivisible e
invariable y la sustancia divisible, de la que se obtuvo un tercer compuesto,
procediendo a mezclar nuevamente estos tres. El Mundo, siguiendo el modelo
original, ha sido un reflejo lo más bello y perfecto posible. El Alma, de
naturaleza esférica, está colocada en el centro de todo, y se extiende
traspasando las diversas parte y aun más allá.
El Demiurgo crea las
cuatro clases de seres vivos. Primero la de los seres celestes o Dioses en base
al elemento Fuego, con forma redondeada y cuya imagen perfecta se asemeja a los
modelos de Dioses de Homero y Hesíodo. Luego vienen los géneros de seres que
pueblan el Aire, el Agua, y finalmente los que caminan por la Tierra, entre
ellos el hombre.
Platón sitúa entre el Modelo y su Imitación un tercer
Elemento que él llama el «Receptáculo» o la «Nodriza» y que los comentaristas
traducen por el Espacio. Se trata de Aquello ilimitado que permite distinguir
una cosa de la otra, contenerlas a todas y finalmente fundirlas en una
sola.
El Tiempo es una imagen móvil de la Eternidad, no es una realidad
que se baste a sí misma. Los accidentes del devenir son variedades del Tiempo y
no afectan a la Eternidad. El Tiempo imita a la Eternidad y gira en círculo de
acuerdo con el Número, según Platón.
Este mito es uno de los más oscuros
y aún mantiene perplejos a los filósofos. Casi todos se han dedicado a su
estudio con resultados más o menos infructuosos. Plutarco, Cicerón, Giordano
Bruno o Blavatsky, entre otros, le dedican varias páginas, siendo esta última la
que aporta más elementos de comparación y estudio en su Isis sin Velo y en su
Doctrina Secreta, lo que daría para más de un artículo.
3. Constitución
de la tierra. (El Fedón). Inserto en un mito relativo al destino de las almas,
se contienen referencias acerca de la estructura de la Tierra. Platón dice que
la Tierra que habitamos está compuesta de tres Tierras concéntricas. Una está
por encima de la nuestra y otra por debajo. No vemos la superior, explica
Platón, como no vería el cielo un observador situado en el fondo del mar que
tomara por cielo las aguas del océano, pero esta esfera sutil tiene el aspecto
de un globo de doce porciones de colores en que se mueven los astros, y es el
éter. Quienes habitan esa esfera no padecen dolores ni enfermedades y tienen
comunicación directa con los Dioses. La inferior es el abismo a donde van las
cosas invisibles, la morada del Hades, donde van las almas impuras para expiar
sus errores, como las Antípodas o Talas en oposición a los Lokas de la tradición
inda.
Platón otorga destinos «geográficos» a los difuntos, enviando a los
filósofos, los más justos entre los hombres, junto a los Dioses en una vida
incorpórea. Los que han sido a veces justos y a veces injustos irán hacia el
Aqueronte y el lago Aquerusia, y tras recibir las compensaciones acordes a sus
acciones, buenas o malas, serán destinados otra vez al ciclo de las
generaciones. Aquellos que cometieron injusticias movidos por la cólera irán al
Piriflegetón, el río de las llamas ardientes, y al Cocito, purgando el daño
causado a sus víctimas, situadas en el lago Aquerusia. Si son perdonados, sus
penas terminarán; de lo contrario serán arrojados al Tártaro, donde habitan
aquellos que han cometido crímenes imperdonables. Podemos ver aquí una clara
alusión a los «planos» de experiencia post-mortem.
4. Movimientos del
cosmos. (El Político). Platón establece una relación entre los movimientos del
Cosmos y la Evolución humana. En principio, Dios le da al Mundo un sentido
giratorio, para luego dejarlo seguir de modo tal que llegado a un punto, el
mundo vuelve a retornar en el sentido contrario. Como la evolución de las
sombras geométricas de los números, ésta también se manifiesta en dos sentidos,
a la manera del rotar de las aspas de la cruz de Vishnu-Shiva, primero como las
manecillas de un reloj, de lo Uno a lo Múltiple, y luego a la inversa, de lo
Múltiple a lo Uno. La multiplicación es guiada por el Odio y la reunificación
por la Amistad. En la época regresiva hacia lo Uno, se habla del
rejuvenecimiento, del retorno, es la era de Cronos, en que los Dioses conviven
con los hombres como los pastores con las ovejas. La otra, en que la vida marcha
hacia la muerte, es la era de Zeus, en que los hombres deben valerse por sí
mismos. Sin embargo, los Dioses, apiadados del sufrimiento humano en esta última
época, les concedieron a los hombres la industria y el fuego. Esta es una clara
alusión al Mito de Prometeo y el descenso hasta la materia, apenas iluminada por
el fuego de la conciencia otorgada por Prometeo.
b) Mitos
antropológicos
1. El mito de los metales. (La República). En esta breve alusión, para
explicar el origen de las diferencias existentes en la naturaleza humana, Platón
nos cuenta que en el principio los Dioses introdujeron en el Alma humana cuatro
«metales» en proporciones que reflejan la construcción del Universo por el
Demiurgo. Así, todos los hombres poseen una proporción de oro, otra de plata,
otra de cobre y otra de hierro. Uno de estos metales prevalece sobre los otros,
distinguiéndose así hombres de Oro, los Filósofos; hombres de Plata, los
Guardianes; hombres de Cobre y Hierro, artesanos y aquellos llamados a las
labores agrícolas y pastoriles. Esto origina a la vez la necesaria
estratificación del Estado propuesta por Platón.
2. El andrógino
primitivo. (El Simposio o Banquete). Corresponde a la exposición o encomio de
Eros que hace Aristófanes en el banquete en casa de Agatón, y donde refiere que
antiguamente la Humanidad se componía de seres andróginos, masculinos y
femeninos a la vez, provistos de 2 cabezas, 4 brazos y 4 piernas, una fuerza
descomunal y un orgullo desafiante hacia los mismos Dioses. Como resultado de
esto, los Dioses, con la ayuda específica de Apolo, separan a los andróginos,
quedando el ombligo como evidencia de esta operación. Entonces la vida se hace
imposible para cada parte, pues no puede vivir sin la otra, de modo que Zeus,
apiadado, los dota a cada uno de un órgano sexual en la parte delantera,
permitiendo el apareamiento y la satisfacción del deseo. Como consecuencia de
ello y de la relación de las partes, va surgiendo y perfeccionándose el Amor
entre ambos, que no es sino la búsqueda de la unidad perdida. Parte de esta
exposición es considerada con seriedad por Platón, debido a su innegable origen
mítico, esotérico, y sólo va a discutir las conclusiones aportadas por
Aristófanes, que evidentemente se desvían hacia una connotación
social.
3. La Atlántida. (El Critias y El Timeo). Este Mito, de evidente
contenido histórico, muestra la fundación de Grecia por los Dioses, según es
referida a Solón por los sacerdotes de Sais, Egipto. Le refieren que en la
Antigüedad los griegos eran superiores a cualquier pueblo, guiados por los
Dioses, pero diversos cataclismos sacudieron la Tierra, hundiendo la otrora
gloriosa gran Isla que habitaban, de la cual sólo asoman unos promontorios hoy.
De este modo los atenienses perdieron el recuerdo de su pasado y se conducen
como niños inconscientes de su primitiva gloria. Platón recalca el trasfondo
histórico que encierra el Mito, lo que en parte se ha obviado debido a los
prejuicios positivistas de quienes se han detenido a analizarlo, particularmente
en la época moderna.
c) Mitos ontológicos y psicológicos
1. El mito de Glauco. (La
República). Refiere Platón la caída de Glauco o Glaucón en las aguas después de
haber quedado prendado de su reflejo, y cómo arrastrado hacia las profundidades
marinas, fue perdiendo el recuerdo de su divino origen. Recubierto por algas,
conchas y arenas, el dios ha olvidado quién es y ahora se desplaza por el fondo
del océano como un monstruo abominable y deforme.
Encontramos en este
mito una clara alusión a la encarnación o caída del hombre en la materia, con
mayor razón si relacionamos esta caída con la división tripartita del mundo que
hace Platón en El Fedón, donde se refiere a la constitución de los planos de
manifestación donde las aguas son el símbolo del mundo astral.
2. La
construcción del alma.(El Timeo). Ya se mencionó cómo el Demiurgo hizo el Alma
del Mundo, a partir de lo Mismo y de lo Otro, creando una tercera sustancia que
mezclada con las otras dos, dividida y unificada matemáticamente, se mueve por
sí misma en forma circular, girando sobre su propio eje.
Más tarde el
Demiurgo vuelve a hacer otra mezcla y la divide en un número igual de almas que
los astros, y les enseña la naturaleza del Todo. Luego estas almas son arrojadas
en los instrumentos del tiempo y unidas a un cuerpo. Este cuerpo se ve conmovido
por la violencia de sus elementos de origen, es decir, la naturaleza del fuego,
el agua, el aire o la tierra, turbando el alma, que en lugar de conocimientos,
sólo obtiene sensaciones. Cuando la turbación hace perder a las almas el ritmo
de su movimiento circular original, entonces éstas caen en la confusión,
desconociendo los nombres de las cosas y oponiendo definiciones contrarias a la
verdadera naturaleza de lo Mismo y de lo Otro. Sólo cuando estas almas han
vencido con su ritmo original las tendencias de sus cuerpos, retornan al
Conocimiento verdadero.
3. La caída del Alma. (Fedro). Platón refiere en
este Diálogo la dificultad para saber con precisión qué es el Alma. Pero afirma
que nos podemos aproximar a ella a través de una imagen. En este mito describe
el Alma como un carro alado donde un auriga conduce los caballos. Las almas de
los Dioses poseen caballos robustos y dóciles; en cambio, las almas humanas
poseen dos caballos, uno bueno y obediente y el otro díscolo. Los Inmortales
siguen el cortejo de Zeus y contemplan «las realidades que están fuera del
cielo». En su circunvalación no se desvían de su círculo original (ver Timeo) y
pueden ver las Ideas en sí mismas.
Las humanas se esfuerzan por seguir a
las almas de los Dioses, pero deben luchar constantemente en el forcejeo con los
caballos, y éstos se topan entre sí, hasta que, prisioneras en un inmenso
remolino, ya sin luchar, se dejan arrastrar perdiendo la posibilidad de la
contemplación de lo divino. Entonces pierden las alas y caen a tierra para
alojarse en el cuerpo de un hombre.
En el mismo Fedro se detiene Platón
en la descripción de estos dos caballos. Blanco y de ojos negros el dócil,
inclinado a la prudencia y la belleza, no requiere del látigo. El otro es negro
y de ojos grises, amigo de la discordia y los excesos. El alma del hombre se
debate entonces entre su naturaleza divina y su naturaleza mortal y
apasionada.
Tres son las partes que constituyen el alma humana, como tres
son las sustancias de la mezcla original. En La República ya refiere Platón que
dos de estas partes son mortales (lo concupiscible y lo irascible) y sólo una
inmortal (la razón). Incluso la localización anatómica que Platón otorga a estas
partes es altamente significativa, ya que relaciona la concupiscencia con el
bajo vientre -mundo animal-, a la que se modera mediante la templanza; la ira
con el corazón, mundo humano, cuya virtud es el valor o coraje; y la razón con
la cabeza, cuya virtud es la prudencia.
Es la reminiscencia la que hace
recordar a las almas el mundo original olvidado y otorga movimientos a sus
muñones implumes, frente a los objetos que motivan la sensación pero que traen a
la vez el recuerdo de su verdadera imagen. En el Menón se hace referencia a la
misma tradición mítica, afirmando que el Alma es inmortal y sin cesar renace en
vidas diferentes. Después de haber contemplado todas las cosas, tanto en la
Tierra como en el Hades, el Alma conserva los recuerdos vivos debido a su
naturaleza homogénea, de modo que a la vista de uno puede recuperar los
restantes. Esto lo demuestra después en el mismo Diálogo, haciendo venir
Sócrates a un esclavo, por lo tanto sin estudios, de uno de sus interlocutores,
al que somete a un problema geométrico que es resuelto por éste en virtud de su
solo recuerdo, motivado por Sócrates mediante la Mayéutica.
4. La
Inmortalidad del alma y la metempsicosis. (El Fedón). En este punto es donde
invariablemente se asocia a Platón con los pitagóricos y la Religión Órfica. Ya
mencionamos el destino de las almas después de la muerte, asociado a las
características de la Tierra y las tres esferas.
Tras el recorrido de las
almas por las tres «tierras», marchan las puras, como ya dijimos, en compañía de
los Dioses. Las impuras, entorpecidas por su contacto con el cuerpo, vagan hasta
que se encarnan según sus deseos. Es bastante oscura la relación con formas
animales que establece Platón en este Mito, otorgando a los glotones y bebedores
encarnar en asnos, y a los ladrones y tiranos en cuerpos de lobos y milanos; en
cambio, los que se condujeron con rectitud social, irán hacia formas animales
del tipo de las abejas o las hormigas. Evidentemente no debemos tomarlo al pie
de la letra. Podemos ver en esto claves de carácter psicológico, así como
astrológicas, para relacionar las formas animales con planos de conciencia y
momentos de la encarnación. También existen relaciones con el reino elemental
hacia el que caen los «cascarones astrales», o almas «pasionales», una vez que
los principios constituyentes se disuelven y separan.
La Filosofía, como
método de Educación, desliga al alma del cuerpo que la ata de un modo natural,
al provocarle un desapego de los sentidos, y por lo tanto de su insistente
llamada. El alma así entrenada se confía a sí misma y abandona paulatinamente el
contacto con lo corporal.
5. El mito de los Infiernos. (Gorgias). Otra
referencia sobre el juicio de las almas aparece en el mito contenido en este
Diálogo, que menciona la época de Cronos y el comienzo de la de Zeus, donde eran
los seres vivos los que juzgaban a sus semejantes antes de morir. La sentencia
era pronunciada el mismo día en que acaecía la muerte. Sin embargo, los juicios
llegaron a ser incorrectos en los últimos tiempos y las Islas Afortunadas se
hallaban pobladas de habitantes inmerecidos. Entonces intervino Zeus,
determinando que los hombres ya no conocerían la hora de su muerte, y lo harían
desnudos para no deslumbrar a los jueces con su apariencia. Finalmente, asignó a
jueces también desnudos y muertos: Minos, Eaco y Radamanto. Las almas juzgadas
de este modo son castigadas para que mejoren, o como ejemplo que no debe
seguirse si son incorregibles. Quizás encontremos aquí la misma relación que
establecen los egipcios entre la desnudez y la inocencia y pureza necesarias
para asistir al Juicio ante los Dioses, ya que es la psiquis y sus adornos la
que «viste» al alma dándole apariencia engañosa.
6. El Mito de Er el
Panfilio. (La República). En el libro X de este Diálogo, Platón se explaya sobre
la elección de los géneros de vida al retornar otra vez a la Tierra, utilizando
una vez más el Mito. Ahora el personaje escogido es un soldado, Er, al que los
Dioses han permitido permanecer consciente después de morir en batalla, y volver
para referir lo visto.
Tras la muerte, las almas toman dos caminos, según
sea la naturaleza de sus actos. Los justos van hacia una abertura que se dirige
al cielo y los criminales descienden por otra hacia el fondo de la tierra. Tras
peregrinar fatigosamente en el abismo «expiando diez veces cada crimen durante
cien años por cada expiación», o descansar plácidamente en el cielo, las almas
regresan por las aberturas para ser juzgadas y elegir su próxima vida. Un
hierofante sortea a las almas la oportunidad de la elección, arrojando formas de
vida de las más diversas variedades, de animales, de tiranos, de justos, de
hombres ricos o pobres, etc. Les advierte que la decisión depende de ellas
mismas y que aun una mala vida puede ser revertida por la virtud. A pesar de
estas advertencias la mayor parte de las almas se inclina por géneros de vida
similares a su anterior existencia. Tras ello, la virgen Láquesis, hija de la
Necesidad, las conduce hasta las Parcas; el genio escogido y que les servirá de
guía pone en las manos de las almas el huso de Cloto; luego las conduce hacia la
trama de Atropos, para que confirmen la decisión, y finalmente son llevadas a la
llanura del Leteo, donde la mayoría se arrojan a las aguas del río movidas por
la intensa sed producto de sus esfuerzos, aguas que provocan el olvido, salvo en
aquellas que prudentemente no bebieron.
7. El Mito del anillo de Giges.
(La República). En este Diálogo también se menciona el Mito del Anillo de Giges,
que le otorgaba a su portador la capacidad de tornarse invisible con sólo girar
su piedra hacia adentro. Su dueño, motivado por la codicia, desvirtuó su poder
original. Una vez más insiste Platón en las potencias propias del hombre que,
enlodadas por los vicios, se vuelven en su propia contra gratificando las
apetencias insaciables de la psiquis, que transforman el poder en un arma de
doble filo. Este mito está asociado también a las características políticas y el
uso de la justicia en manos de los que detentan el poder, por lo que podemos
situarlo en la frontera con el tema siguiente de los mitos
sociopolíticos.
d) Mitos sociopolíticos
1. El origen de la cultura. (Protágoras). Se
refiere este mito a la creación de los seres mortales por parte de los Dioses,
quienes encargaron a Prometeo y Epimeteo dotarles de diversas cualidades.
Epimeteo repartió el don de la fuerza a unos, a otros la agilidad, la
resistencia al frío; y a otros alas, pezuñas, etc. Cuando llegó el turno al
hombre ya no quedaban dones que otorgar. Prometeo roba el fuego a Hefaistos y a
Atenea el conocimiento de las Artes, pero a pesar de ello los hombres no
pudieron vivir en ciudades por carecer de ciencias políticas. Entonces Zeus
envió a Hermes para dotarles de la veneración y la Justicia.
Quizá cabría
mencionar como referencia mítica dentro de este punto el origen de las
constituciones, referido en Las Leyes, donde Platón muestra el estado original
de los pueblos tras un cataclismo, avecindados en las montañas, y su posterior
descenso a los valles, del mismo modo en que la virtud, propia de las alturas,
se transforma en vicio en la medida en que la vida otorga facilidades y el
hombre pierde el punto de vista original, con una clara alusión a las cuatro
eras presentes en las tradiciones indas.
2. El Mito de la Caverna. (La
República) Es sin duda el más conocido y comentado de los mitos platónicos por
su alcance psicológico, político y por formar parte de su extensa exposición
sobre la Teoría del Conocimiento, vía que conduce a los filósofos a traspasar
los límites del mundo sensible, rompiendo las cadenas de la ilusión, y que los
enfrenta directamente con el origen de la luz, las Ideas puras, mediante cuya
contemplación el hombre se emparenta definitivamente con los Dioses. Este mito
constituye un eje central al que arriban los demás como fragmentos de un puzzle,
y sus detalles y matices son tan ricos que se van descubriendo en la medida en
que se comprende su accesis hacia la Realidad. No es casual ninguna de las
referencias que hace Platón, ni sobra detalle alguno en donde se detenga, ya sea
para describir las sombras, las cadenas o los objetos que son portados sobre el
muro y que se proyectan en el fondo.
En alguna medida los demás mitos
están contenidos en éste, y sus significados son extensos y magistrales. La
caverna ha servido a Platón para anticiparse en dos milenios y medio a una
realidad que hoy tiene absoluta vigencia y que vuelve a encontrar al hombre ante
el enigma, agotada la razón, extraviada la vía de la verdad, cercenada desde su
mismo origen toda intuición por el racionalismo positivista.
Quizás
necesitemos que otra vez el Mythos venga en nuestro auxilio y nos tienda un
puente inalterado entre la realidad cambiante, pletórica de sombras, y el sueño
aún ignoto de las Ideas, surgiendo luminosas en el horizonte del futuro.
BIBLIOGRAFÍA Paideia, Werner Jaeger. Historia de la Filosofía, Julián
Marías. Platón y la Academia, Jean Brun. Obra Completa, Platón. Isis
Sin Velo, H.P. Blavatsky.